He de reconocer que me ha sorprendido la última película de Pixar. La historia de un anciano y de un niño que viajan en una casa suspendida en el aire gracias a unos globos de colores. Es de esas historias que prometen quedarse grabadas en la retina para siempre.
No es que sea imposible que un hombre anciano y un niño se hagan amigos, lo maravilloso es que lleguen a serlo compartiendo la misma aventura. El niño la vive como niño, el otro… como si volviera a serlo.
En el fondo este pequeño es como el hijo que no pudo tener, y como el niño que él mismo fue, y que todavía lleva dentro. Algo queda de lo que fuimos en el adulto en el que nos hemos convertido.
La aventura es aquella que quiso compartir siempre con su mujer , pero las distintas circunstancias de la vida la impidieron. Ahora ella ya no está -magníficamente descrito sin necesidad de palabras-, pero el deseo de aventura sigue intacto para dar sentido a esta última etapa de su camino.
Al final la “casa“, la vida, lucha por asentarse en la tierra deseada. Volveremos mil veces a territorio real, por que es bueno “pisar suelo”, pero el corazón necesita quedarse clavado en el lugar de los sueños.
UP es una película que hace meditar, llorar, y que se queda en tu mente no sólo luego de salir del cine, sino por mucho más tiempo.















