Descubriendo la vida en Tenochtitlán

A diferencia de otras ciudades antiguas que sobreviven entre los edificios modernos y la vorágine del tráfico, México-Tenochtitlán, la hermosa capital del poderoso Imperio Azteca, fue desmontada piedra a piedra para construir con sus bloques la ciudad colonial que todavía perdura. No obstante, su origen prehispánico se rebela y de tarde en tarde muestra su rostro orgulloso, como lo hacen los restos arqueólogicos del Templo Mayor, en pleno centro de la Ciudad de México. ¿Cómo podremos recrear la prodigiosa ciudad azteca, sus calles bulliciosas y el rostro de las gentes que la habitaron? Los vívidos relatos que nos legaron quienes la disfrutaron en todo su esplendor permiten su reconstrucción y nos regalan un paseo inolvidable por sus canales, sus calles, sus templos, palacios y mercados.

Todos ellos coinciden en la belleza, limpieza y orden de Tenochtitlán. Descripciones como la de Hernán Cortés, unos de sus conquistadores, “no podré yo decir de cien partes una de la que de ellas se podrían decir”, dejan patente que las palabras no bastaban para describir tanta belleza. O la de Bernal Días, también conquistador de México, que nunca olvidaría la impresión que le produjo al ver Tenochtitlán por primera vez. “Nos quedamos admirados, y decíamos que parecía cosas de encantamiento que cuentan en el Libro de Amadís, por las grandes torres y cues (templos) y edificios que tenían dentro del agua, y todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían, si era entre sueños, y no es de maravillar que yo lo escriba aquí de esta manera, porque hay mucho que ponderar en ello que no sé como lo cuente: ver cosas nunca oídas, ni vistas, ni aún soñadas, como víamos”.

Quienes así se expresan eran hombres boqueteados en los frentes de toda Europa y sin embargo creían que soñaban despiertos. Ante ellos Tenochtitlán se mostraba en toda su belleza y esplendor, refulgiendo en medio de un lago de aguas esmeralda y anclada a tierra firme por tres grandes calzadas.

NACE UNA CAPITAL

Ubicación de la capital azteca
Ubicación de la capital azteca (Hacer click en la imágen para verla en tamaño original)

Tenochtitlán fue la capital del mayor imperio de Mesoamérica (la gran región formada por México y América Central), que contaba con un elevado número de empleados públicos al servicio de la administración. Pero Tenochtitlán no siempre habia sido la imponente capital imperial. Sus primeros pobladores llegaron al Valle de México exhaustos y vencidos, suplicando al señor de Aztapotzalco un lugar dónde establecerse. Tezozomoc, que así se llamaba, les concedió un pequeño islote en medio del lago Texcoco y allí, como una humildea aldea vasalla de Azcapotzalco, empezó la increíble historia de superación del pueblo mexica.

Durante esa etapa (1325-1428) la ciudad creció al mismo ritmo que sus estructuras políticas, y desde el principio su programa constructivo se plegó a la concepcion del espacio urbano característica de Mesoamérica: un centro ceremonial delimitado por una tampantlo o muro de serpientes en el que se abrían cuatro puestas de acceso orientadas a los rumbos del universo, que a su vez, dividían a la ciudad en cuatro partes. Cada uno de esos cuadrantes se subdividía en otros más pequeños, los calpullis o barrios, en los que no faltaban el templo y la escuela.

El centro ceremonial, era, a la vez, centro administrativo e ideológico, donde se congregaban los edificios más emblemáticos de la ciudad, erigidos en piedra: hermosos templos dedicados al amplio panteón mexica, canchas para practicar el juego de pelota, en el que se apostaban importantes sumas; escuelas, oratirios; tzompantli, que exponían las cabezas de los sacrificados; fuentes y estanques, palacios y dependencias administrativas, como juzgados, armerías, cárceles, tribunales, archivos y silos.

A pesar de que la concepción urbanística de Tenochtitlán era una clara cosmovisión mesoamericana, los antiguos relatos no dudan en afirmar que fue Huitzilopochtli el principal dios mexica, quien proyectó el plano de la ciudad, decidió el lugar dónde construir su templo y el modo en que debían agruparse sus habitantes.

COMPRAR Y VENDER

Tenochtitlán era mucho más que su centro ceremonial y fuera de él la vida bullía en todo su esplendor, sobre todo en el tianguis, el mercado. Hernán Cortés afirmaba que Tenochtitlán tenia varios mercados que se celebraban en las grandes plazas. El mayor era el de Tlatelolco, rodeado de portales, con un tamaño “dos veces la ciudad de Salamanca”, donde se congregaban más de 60,000 “ánimas comprando y vendiendo” toda clase de productos: joyas, materiales para la construcción, “todos los linajes de aves, conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer”, textiles y menaje para hogar, verduras, verduras, frutas, mieles y cera, azúcar, licores, hilos de algodón “de todos los colores, en sus madejitas, que parece propiamente alcaicería de Granada en las sedas, aunque es otro es en mucha más cantidad”, pinturas, pieles, maíz, pan, huevos, “son tantas y de tantas calidades… cada género de mercaduría se venden en su calle, sin que entrometan otra mercaduría alguna y en esto tienen mucho orden”. No sólo el orden se refería a la ubicación de los productos, sino también a la existencia de un cuerpo de funcionarios, jueces e inspectores que velaban para evitar fraudes, robos y trifulcas.

Los mercados de Tenochtitlán eran los que recibían mayor surtido de productor, pero había otros muy importantes y especializados: Cholula en piedras preciosas, Texcoco en tejidos, Aztapotzalco en esclavos, y Alcomán en perros. Para realizar las transacciones, además del trueque, utilizaban como moneda el cacao, las mantas de distintos tamaños y pequeños cartuchos rellenos de oro.

La alimentación era extraordinariamente varida, aunque su base primordial, como los mexicanos de hoy, era de maíz, frijoles, las frutas y las verduras. Las proteínas procedían de las aves, el pescado, los perros pequeños que criaban para su consumo y algunos animales que repugnaron a los europeos como saltamontes, hormigas o larvas de insectos (a los europeos aún les sigue repugnando y los mexicanos lo siguen comiendo). Estos escrúpulos han dado lugar a las más disparatadas teorías en torno a los sacrificios humanos y el canibalismo ritual, motivado supuestamente por la falta de proteínas. No tenían solomillos, pero encontraron buenas e incluso mejores soluciones como el consulo de la espirulina, tecuilatl, un alga que aportaba nutrientes esenciales; proteíanas, vitaminas, minerales y aligoelementos. En la actualidad, la espirulina, calificada como el alimento del futuro, se comercializa por todo el mundo.

LA VIDA DIARIA

Mapa de la ciudad de Tenochtitlán (clic para verla en tamaño original)
Mapa de la ciudad de Tenochtitlán (clic para verla en tamaño original)

Tenochtitlán tenía una alta densidad de población; alrededor de 250,000 habitantes, una cifra sumamente impresionante, comparandola con las principales ciudades europeas de la época como Nápoles, Constantinopla, París, Veneciao Milán, que apenas superaban los 100,000 habiantes. Este hecho comprometía a la ciudad en aspectos como la  limpieza, los residuos y su reciclado, ofreciendo excelentes soluciones que sorprendieron a los españoles.

Díaz del Castillo da testimonio de porque por toda la ciudad había aseos públicos “hechos de cañas o pajas o yerbas porque no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres de aquella suciedad”. De su limpieza se encargaban unos empleados que además reciclaban los residuos como abono.

Pero no sólo sorprende su modernidad en la gestión de éstos servicios, sino en otros muchos que ofrecía y que pueden equipararse a un actual centro comercial. Para reponer fuerzas había distintas alternativas: comida rápida o preparada para llevar a base de empanadas de ave o de pescado, tacos o dulces acompañados de un delicioso chocolate, un refrescante jugo de frutos permitía a los trabajadores continuar con sus actividades en el mercado. Los que disponían de más tiempo o de un bolsillo más grande podían sentarse “en unas casas donde dan de comer y beber a precio”.

En caso de enfermedad, se podían recoger en la botica medicamenos hechos en base de plantas medicinales y animales, con los que preparaban remedios eficaces contra problemas estomacales, intestinales, el insomnio, ansiedad, la epilepsia y un largo etcétera. Los mexicas conocían y usaban anestésicos y alicinógenos como el peyote, cuya consideración de plantas sagradas obligaba a que su recolección la llevasen a cabo sólo personas autorizadas.

Sus hermosos jardines estaban relacionados con las plantas medicinales y con el urbanismo. Merecen una mención especial  los diseñados por Nezahualcoyotl, rey de Texcoco, cuyos restos arqueológicos todavían pueden contemplarse, así como los pertenecientes al tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, que pasaron a ser propiedad de Hernán Cortés. En todos ellos se cultivaban plantas destinadas a facilitar la vida de los señores a través de la aromaterapia, que aliviaba las tensiones inherentes a la vida cortesana.

Si el boticario no era competente para resolver el problema se acudía a los médicos, cuyos conocimientos anatómicos eran enormes gracias a las víctimas de sacrificios humanos rituales y a los heridos en los campos de batalla. Los cronistas relatan que, para auxiliar a los heridos, los indígenas llevaban médicos que demostraban más pericia que los médicos europeos. Algunas especialidades, como la obstetricia, eran practicadas por mujeres. La arqueología ha revelado intervenciones que cabe incluir en el campo de la estética: se han hallado cráneos con deformaciones intencionadas o con incrustaciones como incrustaciones de turquesas en los dientes.

REYES, NOBLES, ESCLAVOS
Los múltiples oficios de los que tenemos noticia en Tenochtitlán se inscribían en una sociedad jerarquizada. Cada individuo debía contribuir a la comunidad con su trabajo, el tequitl, en función de su sexo, edad, y rango social. Los pilpiltin o nobles, con el tlaotani o emperador a la cabeza, se situaban en la cúspide de la pirámide social; llevaban una vida más regalada y no pagaban impuestos, pero a cambio debían demostrar una rectitud moral mayor que el resto de los mexicas y sus transgresiones eran juzgadas y castigadas con muchísima más severidad que el resto de mexicas. Guerreros y mercaderes (pochtecas) seguían en importancia hasta llegar a los macehuales, que constituían el grueso de la población.
El día comenzaba temprano; mientras las mujeres preparaban los alimentos para la familia, los hombres marchaban para trabajar en el campo o la ciudad. Los niños recibían una educación severa que se iniciaba en el hogar y se completaba en las escuelas. Alrededor de los 20 años contraían matrimonio y éste era el momento en que entraban a formar parte de la sociedad con pleno derecho. Entre la nobleza se practicaba la poligamia, con el objetivo de favorecer los matrimonios políticos.
Tal era el mundo en el que viviían los miles de hombres y mujeres, poderosos y humildes, que diariamente se afanaban por las calles de la gran Tenochtitlán. La dramática destrucción de aquella ciudad sin par tras la conquista española en 1521 inspiró el siguiente lamento a uno de los conquistadores: “Pensé que ninguna tierra como aquella sería descubierta jamás en ninguna parte del mundo. Pero hoy todo lo que vi entonces está derribado y destruido, nada queda en pie”.
Fuentes:
La guerra en el Imperio Azteca. Isabel Bueno. Editorial Complutense
Azteca, E. Matos Moctezuma, F. Solís. Turner.

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  • http://www.oxypowder.net/salud-natural Enrique

    La manera de cual se curaban me parece muy interesante. Todos los problemas que existian anteriormente eran curadas con las plantas como dices y la medicina alternativa era lo que se usaba mas que nada. Gracias por la informacion de Tenochtitlán, fui entretenido.
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