El joven Vincent van Gogh quedó tan conmovido por la muerte de un sauce solitario y melancólico inclinado sobre un estanque cerca de La Haya que de inmediato supo que tenía que pintarlo. ”Lo atacaré mañana por la mañana”, le escribió a su hermano Theo el 26 de julio de 1882. El resultado del “ataque”, es éste:

Confieso que ni soy aficionado a la pintura, ni la entiendo. Muchas obras las veo y no sé si son buenas, malas, si transmiten o no algo, pero tengo dos pintores que me encantan, y curiosamente ambos son holandeses: Van Gogh y Rembrandt. Por eso no me atrevo a decir una palabra sobre ésta acuarela.
Marije Vellekoop, curadora de grabados y dibujos del museo de Van Gogh dijo que es una acuarela en la etapa inicial de Van Gogh y carece de el colorido característico de sus más grandes obras, pero que no resulta raro tampoco la tonalidad de colores de dicha obra.
Por ahora el sauce colgará en una pared del Museo de Van Gogh, pero más tarde este año, será trasladado junto a otras docenas de pinturas al Hermitage de Amsterdam mientras el Museo de Van Gogh cierra por varios meses para someterse a renovaciones.



