El límite occidental del Imperio persa alcanzaba Tracia y Macedonia, que habían sido sometidas por el general Mardonio en 492 a.C., por lo que la primera región que atravesaría Jerjes después de abandonar sus dominios sería Tesalia, donde las aristocracias locales habían tomado la decisión de proporcionarle todas las facilidades. Así pues, parecía evidente que el lugar más idóneo para resistir a los persas y donde los leales griegos tenían alguna posibilidad de rechazar al enemigo era el paso de las Termópilas, en el extremo meridional de la región de Tesalia.
¿Era una ventaja luchar en el paso de las Termópilas?
Actualmente, cuando alguien viaja e dirección sur por la orilla del Golfo Malíaco, se encuentra con que el extremo meridional de la cordillera del Pindo, verdadera columna vertebral de Grecia, acaricia ese tramo de costa y deja un exiguo espacio entre el mar y las montañas. Durante la Antigüedad, antes de que los ríos y torrentes colmataran el sedimento de la zona, ese paso era un desfiladero de unos 1.300 metros de longitud en su parte central y una anchura de entre 15-30 metros. Leónidas confió en que esa estrechez anularía la abrumadora ventaja númerica de los persas al impedir el despliegue de sus tropas; por otra parte, al contar con un acantilado junto al flanco derecho de las falanges, quedaría eliminado uno de los puntos débiles de los hoplitas -recordemos que éstos sostenían su escudo con el brazo izquierdo-.

Mapa del área de las Termópilas comparando la línea de costa actual con la que existía en el año 480 a. C.70
Pero la razón de mayor peso residía en que esa zona favorecía la estrategia de los griegos, ya que el estrecho que separa la costa norte de Eubea y el continente ofrecía un campo de batalla ideal para que una flota liderada por los atenienses atrajera allí a las naves persas, se enfrentara a ellas en un lugar propicio para sus trirremes griegas -más pesadas que sus adversarias- y, a la vez, impidiera la retaguardia del ejército griego fuera alcanzada.
¿Cómo era el ejército griego?
En pleno verano de 480 a.C., Leónidas y sus trescientos, acompañados por unos mil perecos (habitantes de comunidades semiindependientes en torno a Esparta) y otros mil hilotas (siervos), no combatientes, se dirigieron a las Termópilas. Atravesaron primero la parte oriental del Peloponeso, donde se incorporaron 4000 guerreros más, y cruzaron el istmo de Corinto. Luego recorrieron Beocia, región que tan sólo aportó un contingente de 400 tebanos -según se cree, opositores a la oligarquía flipersa gobernante en Tebas- y otros 700 procedentes de Tespias. Por último, se unieron al ejército griego unos mil combatientes focideos, locrios opuntios, -los dos pueblos más amenazados por los persas. En total, Leónidas tuvo a su servicio unos 7.000 hombres, que debían resistir a un ejército de más de 200.000.
Los ejércitos en números
Los griegos:
7000 soldados terrestres
300 naves
4000 bajas según Heródoto
Los persas
180.000 infantes
60.000 jinetes (según Heródoto los infantes persas fueron 2.00.000)
700 Naves (3000 según Heródoto)
20.000 bajas según Heródoto
La batalla comienza
Cuando los guerreros griegos llegaron a las Termópilas acamparon junto a un antiguo muro levantado por los habtantes de Fócide en paralelo a la costa y lo reconstruyeron. Después de varios días de espera -a causa de una tormenta que provocó que una parte de la flota persa naufragara frente a la costa de Magnesia-, el rey Jerjes envió un último mensaje a Leónidas: “Entrega las armas”, pero recibió de éste una respuesta lacónica y contundente: “Ven por ellas”. Se desató entonces una de las batallas más epicas de la historia, que comprendería tres jornadas de intensa lucha.
En su ataque inicial, Jerjes lanzó contra los griegos a los contingentes medos y cisios. Desde que comenzó el primer choque quedó patente la impresionante superioridad táctica y armamentística de las compactas falanges griegas. En palabras de Heródoto:
Los persas sustituían a los caídos y no desistían pese a sufrir grandes pérdidas, por lo que evidenciaron ante todo el mundo, y en particular ante el propio monarca, que había muchos combatientes, pero pocos soldados
Posteriormente fueron los Inmortales, la guardia personal del rey Jerjes, quienes tomaron la iniciativa, pero la mayor longitud de lanzas griegas y las maniobras de los lacedemonios hicieron que éste contingente persa de élite sufriera la misma suerte.
Enfurecido ante el desastre, Jerjes ordenó a su flota que se enfrentara a atenienses y eginetas en el cabo Artemision para intentar desembarcar en la retaguardia del campamento griego; sin embargo, las naves persas no se habían organizado y la batalla naval quedó en una escaramuza que acabó en tablas.
Mañana: inmolados por la libertad










Muy detalladas nociones de historia, gracias por compartirlo, aprovecho la instancia para desearte un feliz dia de los enamorados, un saludo.
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