En las vías romanas, cada 30 kilómetros aproximadamente, coincidiendo con una población o cerca de ella, había una mansio o lugar de parada, para que los viajeros pudieran pernoctar. Estos albergues contaban con un patio interior, establos, sala de comidas, habitaciones para los huéspedes e incluso termas para el baño y reposo.
Los establecimientos atraían a sus clientes con anuncios como el que se ha conservado en un albergue de Lyon:
Aquí Mercurio promete ganancias. Apolo la salud. Septumano, hospedaje con comida. Quien venga se encontrará bien. Mira, huésped, dónde vas a quedarte.
Para mejor ejemplo, coloco aquí una lápida funeraria de un tal Lucius Calidius Eroticus, en el que se registra un curioso diálogo entre el hospedero y un cliente:
El dialogo que la lápida presenta es:
Posadero, hagamos la cuente. – Tienes un sextario de vino y pan por un as, por el guiso dos ases. -De acuerdo. -Por la chica ocho ases. -También de acuerdo. -Por el heno para el mulo, dos ases. -Este mulo me arruinará.
Otra opción para los viajeros era hospedarse en casa de amigos y familiares, algo a veces más conveniente dada la mala reputación de algunos albergues.

Muy bueno el dialogo dela lapida XD, vaya humor gastaban por la época.
Me recuerda al camino de Santiago, allá debía haber uno cada kilómetro!
Un saludo!
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jajaja sí, pero a mí lo que me sorprendió, fue el marketing, los romanos vivían tan bien como nosotros, y con todo igual, no cabe duda que nuestra sociedad está basada en la civilización romana.
Un saludo http501