Hacia una muerte segura

Uno de los rasgos que distinguía a la sociedad lacedemonia era la religión. Incluso Heródoto, un hombre de profundas convicciones religiosas, se mostraba sorprendido por la extrema piedad que los espartanos mostraban a los dioses. Se trataba de un factor que a menudo mermaba la operatividad de sus tropas. Un claro ejemplo de ello se produjo en el verano del año 490 a.C., cuando el ejército lacedemonio atendió demasiado tarde la llamada de Atenas para participar en la batalla de Maratón porque resultaba impío interrumpir las fiestas dedicadas a Apolo Carneo.

Diez años más tarde, cuando las noticias acerca de la magnitud del ejército de que Jerjes I  estaba dirigiendo contra Grecia empezaban a difundirse por toda Hélade, el rey Leónidas quiso evitar que se repitiera aquella terrible situación. Las ciudades griegas que se mostraron dispuestas a hacer frente a la invasión persa se reunieron en el templo de Poseidón, en Corinto y formularon un juramento religioso vinculante, creando lo que más tarde se conocería como la Liga Helénica.

Por desgracia, las poleis integrantes de este pacto fueron una exigua minoría. Aún así, parecía lógico adelantarde y esperar a los persas en algun lugar de los pasos de la montaña que éstos debían superar, pues allí residía la única oportunidad de hacerles frente con alguna posibilidad de éxito. Leónidas defendió sus argumentos ante las instituciones espartanas, pero las fiestas carneas se interpusieron de nuevo y sólo pudo conseguir una dispensa especial para llevar consigo a su guardia personal, compuesta de 300 hoplitas, y no como sucede en el filme “300″, en el que se consulta a unos amorfos sacerdotes.


Mapa de la batalla de Termópilas, tomado de wikipedia

Leónidas planteó aquella misión no sólo como un servicio a su ciudad, sino como un acto de entrega de su vida a cambio de una fama imperecedera. En el proceso de la toma de esa decisión intervinieron, como es lógico, factores religiosos: se dice que el oráculo de Delfos reveló a una delegación espartana que uno de sus dos reyes debía morir si querían evitar que los persas ocupasen el territorio lacedemonio.

Tras escuchar la profecía, Leónidas se aseguró a ser él, el representante de la dinastía agiada, y no Leotíquidas, el rey euripóntida, el elegido por la asamblea para ejercer de víctima propiciatoria.

Aquella sería la primera vez que un diarca espartano fallecía en combate.

Mañana: Dos ejércitos desiguales

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