Un grupo de arqueólogos franceses han explorado un diminuto islote en el Océano Índico, situado a 450 kilómetros del este de Madagascar, deshabitado y con escasa vegetación. Su objetivo: encontrar las huellas de la estancia, entre 1761-1776, de un grupo de esclavos procedentes de Madagascar que fueron abandonados allí tras el naufragio de un barco negrero.
La historia de éstos náufragos muestra todo el horror del tráfico de esclavos en el siglo XVIII. El navío, un filibote de la Compañía Francesa de las Indias Orientales, llamado L’Utile, tomó en Madagascar una carga de esclavos con el propósito de trasladarlos a las plantaciones de la cercana isla Mauricio.
Un error de navegación
En el trayecto un error de navegación lo hizo encallar en los arrecifes de un islote. La tripulación y unos sesenta esclavos superviviente (muchos murieron en el naufragio) organizaron un precario asentamiento, al tiempo que fabricaban una suerte de balsa. Dadas sus dimensiones, se embarcaron únicamente los tripulantes blancos, tras prometer a los malgaches que volverían a recogerlos.
Max Guérout, ex oficial de la marina francesa y vicepresidente del Grupo de Investigación en Arqueología Naval (GRAN, Francia), explica: “L’Utile zarpó del puerto francés de Bayona con destino a las islas Mascareñas el 17 de noviembre de 1760. Al hacer escala en Madagascar para aprovisionarse, el comandante La Fargue, desoyendo las órdenes del gobernador, decidió embarcar a unos sesenta esclavos y rumbeó hacia la isla de Francia, hoy isla Mauricio. Desviado por el mal tiempo, el buque encalló en los escollos del islote de un kilómetro cuadrado que hoy lleva el nombre del salvador de los sobrevivientes: Tromelin”
Olvidados
La falta de interés de parte de las autoridades hizo que esta promesa no se cumpliera sino diesciseis años depués, cuando arribó al islote un navió comandado por Tromelin (quien le dio nombre).
De los sesenta esclavos, sólo quedaban ocho: siete mujeres y un bebé.
Asombra pensar que pudieran subsistir quince años en una isla azotada por los temporales, sin apenas árboles y apenas con un pozo para obtener agua potable. Los arqueólogos han hallado su lugar de asentamiento y algunos de sus enseres, pero no sus sepulturas.
Se encontraron registros de que el gobernador francés de isla Mauricio se negó a realizar el rescate, indignado porque se hubiera desobedecido su orden de no traer esclavos de Madagascar. En 1773 y 1774 dos navíos avistaron a los náufragos, pero los temporales impidieron desembarcar en el pequeño islote.
La narración de la investigación en la página de la UNESCO




