Los mitos de los gladiadores

Pollice Verso. Jean-León Gèrôme, 1872

La literatura y el cine han establecido ciertos mitos sobre los gladiadores. Se piensa, por ejemplo, que la mayoría de los combates terminaba con la necesaria muerte de uno de los contendientes. Sin embargo, éstas luchas sine missione (sin perdón) eran poco frecuentes porque el organizador de los juegos debía pagar el precio del gladiador muerto al lanista y a éste tampoco le interesaba perder a un buen gladiador en cuya preparación había invertido una cantidad importante de dinero. Pero parece ser que al final del Imperio Romano se incrementó el gusto por la lucha a muerte y sine missione.

Mito: “Ave, César, los que van a morir te saludan” era la frase, que según el imaginario popular, pronunciaban los gladiadores antes de entrar en combate.

Realidad: Su uso sólo lo documenta el historiador Seutonio, y lo pone en  boca de algunos prisioneros condenados a participar en un fingido combate naval (naumaquia) que celebró el Emperador Claudio. Por tanto, no está probado su empleo en todos los juegos.

Curistoria nos dice el verdadero juramento que proclamaban los gladiadores: “uri, vinciri, verberari, ferroque necari” (ser quemado, atado, golpeado y muerto a hierro), es decir, juraban luchar hasta morir.

Mito: Si el emperador levantaba el pulgar perdonaba, si lo bajaba, condenaba a muerte al gladiador.

Realidad: No está presente en ningún documento gráfico de la Antigüedad. Es más, según una teoría, éstos signos significarían lo contrario, de modo que la muerte del gladiador vencido se indicaría mediante el pulgar  hacia arriba. Un relieve presenta otro gesto para indicar perdón: dos dedos extendidos, conocido signo de bendición tanto para paganos, como para cristianos, que aún se puede ver en las bendiciones de las Misas.

El emperador. Asistía a los combates desde una tribuna situada muy cerca de la arena, en el eje corto de ésta. Tras él se sentaban los mienmbros de su corte. Cómodo llegó a bajar a luchar como gladiador en muchas ocasiones, y se hacía llamar a sí mismo “vencedor de mil gladiariores”, aunque sus oponentes se dejaban ganar y la lucha se hacía con armas embotadas.

El gladiador. El cuadro de Gérôme (que ilustra el artículo) muestra a un gladiador triunfante en medio de la arena. Cada una de sus armas está representada con exactitud, pero correspondes a tipos distintos de gladiador: el casco, por ejemplo, es de un mirmilón, y el escudo redondo, de un hoplómaco. A sus pies yace un retiarius que ha perdido su red y su tridente y alza los dedos en reconocimiento de su derrota.

El veredicto. Interrogado por el gladiador victorioso, el público le insta a matar a su enemigo poniendo el pulgar hacia abajo (pollice verso). En primer término se representa a un grupo de vestales, sacerdotisas que realmente asistían a este tipo de espectáculos. En cambio, la señal del pulgar es un malentendido que precisamente ésta pintura contribuyó a divulgar.

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Muy bueno el dato, nunca me habia puetso a investigar, es bueno saber las verdades ya que holywood nos envenena la mente que de por si apenas vive de aire puro cltural....saludos
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