Pide México a mujer simio para exhibirla

Fecha: nov 23 2011 - 5:42pm por Edmundo Pérez

Lo último que haría Roger Bartra sería enterrar a Julia Pastrana, laIndescriptible, pues significaría condenarla al olvido. El gran estudioso del mito del salvaje europeo propone exhibirla en una exposición en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, de la que encantado aceptaría ser el curador.

La indígena sinaloense vivió en el siglo 19 y su cuerpo cubierto de vello oscuro y una mandíbula simiesca hizo a algunos científicos pensar que en sus 1.37 metros de estatura palpitaba un híbrido de humano y orangután.

“Un caso tan transparente de machismo, de racismo, hay que mostrarlo, para aprender cómo era esa sociedad, que es de donde venimos”. El cuerpo es valioso como testimonio del mito del salvaje, dice Bartra.

El cuerpo embalsamado de la Indescriptible permanece desde 1996 en la Colección Schreiner de la Universidad de Oslo por decisión del Gobierno noruego, después de haber sido expuesto durante más de un siglo en ferias y circos de Europa y Estados Unidos, primero por su empresario y marido, Theodore Lent, y después por sus distintos propietarios.

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Los restos de Pastrana no son expuestos al público en Oslo. El cuerpo se conserva en condiciones “aceptables” y, según el responsable de la Colección, Per Holck, es tratado con dignidad. Desde que el Ministerio de Educación, Investigación y Asuntos Eclesiásticos noruego estableció que sólo podrían tener acceso a la Indescriptible quienes demostraran un “legítimo interés científico”, nadie ha solicitado su estudio. Tampoco se le han tomado muestras de ADN ni se ha investigado cómo fue embalsamada. “No sabemos nada sobre la técnica que se utilizó”, dice Holck.

Pastrana, encarnación de la “mujer salvaje” del siglo 19, padecía una rara combinación de hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival. “Desde el punto de vista de la patología”, considera el antropólogo, “no creo que sus restos tengan interés. La hipertricosis ya se sabe cómo funciona y también el problema que sufría en las encías”.

Lo que queda de Pastrana es su cuerpo, ella misma, subraya, y en eso radica su fuerza para denunciar la mentalidad racista y colonial que había en la actitud hacia el monstruo. Exhibirla en su contexto permitiría rescatar su historia y reivindicar su figura.

Enterrarla, como propone la artista mexicana Laura Anderson Barbata, es una solución políticamente correcta, pero se traduciría en un rápido olvido, como ocurrió con el “Negro de Banyoles”, un bosquimano disecado que tras ser exhibido durante 80 años en el Museo Darder de esta localidad catalana, fue “repatriado” a Botswana. Enterrado con grandes honores en el 2000, su tumba se encuentra hoy abandonada y llena de basura.

“No creo en la resurrección de los muertos ni tengo una mirada religiosa hacia los restos humanos”, aclara el sociólogo político. “Me interesa su simbología, no la actitud moral o ética de ocultarlos y darles cristiana sepultura”.

Si Pastrana manifestó el deseo de ser enterrada en México con una ceremonia católica, habría que respetarlo, pero Bartra duda que existan testimonios que lo confirmen.

En El mito del salvaje (FCE, 2011), obra que reúne los dos libros que ha publicado sobre el tema: El salvaje en el espejo y El salvaje artificial, Bartra incluye a Pastrana en su clasificación de los seres que poblaban los freak shows. Además de los enfermos de hipertricosis, como era su caso, entre los que figuraban también “hombres lobo” y “mujeres barbudas”, estaban los microcéfalos, anunciados como especímenes de razas extintas, y los indígenas, con y sin anormalidades físicas, presentados como caníbales y salvajes exóticos.

“Los más famosos eran los geeks (o falsos salvajes), alcohólicos y vagabundos que para ganarse unos dólares andaban a cuatro patas, se comían un pollo crudo, o arrancaban a mordidas la cabeza de una culebra”.

La fascinación que despertó Pastrana entre los científicos de la época es atribuida por Bartra al auge de la teratología, el estudio de los monstruos. 

La “maravillosa híbrido” era un ejemplo del “buen salvaje”, explica, cercana a la animalidad debido a su aspecto, pero con cualidades, su inteligencia y talento artístico, que permitían advertir su bondad primigenia. Al analizar a estos seres, en apariencia “semibestiales”, los científicos buscaban definir si tenían conciencia, alma, si eran realmente humanos.

“Su historia revela el drama interno de la cultura occidental”, señala Bartra. “Esa necesidad de crear a la bestia dentro del hombre, una imagen terrorífica pero al mismo tiempo atractiva, una invención del Otro y la otredad”.

Rastrean su acta bautismal
Si Julia Pastrana fue bautizada, el acta podría hallarse en el archivo parroquial de la Catedral de Culiacán. El historiador sinaloense Ricardo Mimiaga informa que el próximo enero un grupo de pasantes de la Licenciatura de Historia de la UAS iniciará su búsqueda, pero si no aparece en ese fondo las posibilidades de encontrarla serían mínimas, ya que no existen en el estado archivos anteriores a 1870.

Mimiaga apoya a la artista Laura Anderson Barbata en su intento por hallar documentos que justifiquen solicitar a la Universidad de Oslo la devolución del cuerpo de Pastrana por razones morales. “Algunos pensarán qué utilidad tiene, pero se trata de hacerle justicia”.

Nacida en 1834 en un lugar desconocido de Sinaloa, la Indescriptible fue descubierta a los 2 años en brazos de una indígena llamada Espinosa, que según sus biógrafos la habría bautizado. De niña fue aceptada en la casa del Gobernador Pedro Sánchez, donde permaneció hasta los 20 años, cuando partió a Nueva York para comenzar a exhibirse en ferias y circos de Estados Unidos y Europa.

Sánchez no dejó memorias o escritos con referencias a Pastrana y, según Mimiaga, si alguno de sus contemporáneos la conoció y dejó algún registro, los documentos podrían estar en bibliotecas de Estados Unidos, ya que era una práctica común que las viudas vendieran los archivos familiares.

Una vida tormentosa

Julia Pastrana nació para ser exhibida… la descubrió Theodore Dent,  la enseñó a bailar y a tocar música y la llevó en una gira mundial con el nombre de Mujer barbada y peluda (Bearded and Hairy Lady), principalmente en Europa y Estados Unidos.

Durante una gira en Moscú, Pastrana dió luz a un bebé, con su misma enfermedad, que falleció 36 horas después de nacer… Pastrana falleció a los cinco días del parto. Lent no abandonó a Pastrana y consultó a un doctor en Moscú para que momificara el cuerpo de Julia y de su bebé.

Desde entonces no se supo nada de los cuerpos, hasta que aparecieron en Oslo en 1921 y ambos cuerpos exhibidos hasta 1970, cuando los llevaron a Estados Unidos y fueron retirados del público luego de protestas.

Luego, vándalos irrumpieron y destrozaron el cuerpo del bebé /el resto estuvo a cargo de los ratones/ y el cuerpo de Julia desapareció en 1979. En 1990 se encontró de nuevo luego de que reportaran un cuerpo no identificado y ahora está en un féretro a cargo del Instituto Forense de Oslo, y sólo tienen acceso al cuerpo científicos con permiso previo.

Se recomendó inhumarla, pero por “motivos científicos”, el cuerpo de Julia Pastrana aún sigue momificada.

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1 Comment so far. Feel free to join this conversation.

  1. Antonio Martinez Guillen 25 noviembre 2011 at 17:44 - Reply

    primero,  que deberian de traerla a mexico, segundo que dberian ya darle sepultura,
    Antonio Martinez Guillen

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