“Españolito que vienes al mundo.
te guarde Dios; una de las dos
Españas ha de helarte el
corazón”
Antonio Machado
La Guerra Civil Española, iniciada en julio de 1936 (hace setenta años) por los nacionalistas al mando del general Francisco Franco (con apoyo de Alemania e Italia), vino a derrumbar las estructuras sociales y políticas existentes y arrastró al País por una pendiente interminable de destrucción y muerte.
La feroz contienda entre republicanos y nacionalistas orilló a muchos civiles a abandonar a su Patria. México fue uno de los primeros en abrirles sus puertas. En junio de 1937 arribaron en el ‘Mexique’ (buqué francés) 440 niños españoles huérfanos de la guerra y fueron enviados a Morelia, Michoacán.
Daniel Cosío Villegas, ministro de Portugal, había sugerido al Presidente Lázaro Cárdenas, presidente de México en ese tiempo, que recibiera a un grupo de intelectuales de la Madre Patria que estaba en guerra.
La llegada de los primeros personajes, en 1938, motivó la fundación de la Casa de España, presedida por el escritor regiomontano Alfonso Reyes.
Dicho organismo fungió como centro de investigación y estudio que acogió a los exiliados el tiempo de que éstos se incorporaban a la enseñanza en diversas instituciones de México.
La Casa de España, que en 1940 se convirtió en El Colegio de México, se sostenía con fondos del Banco Nacional de México, la Secretaría de Educación, la UNAM y el Fondo de Cultura Económica.
Entre los primeros intelectuales allegados a México se cuentan Juan de la Encina, Enrique Diez-Canedo, José Gaos, José Moreno Villa, Adolfo Salazar y Jesús Bal y Gay. Después llegarían Pedro Carrasco, Luis Buñuel, Agustín Millares Carlo, Manuel Pedroso, Joaquín Xirau, Álvaro de Albornoz, María Zambrano, Max Aub, Luis Alcoriza, Rodolfo Halffter, José Gallegos Rocafull, Juan David García Bacca, Luis Recasaéns y muchos más.
También llegarían los poetas: León Felipe, Juan Rejano, Manuel Altoaguirre, Emilio Prados, Luis Cernuda y Pedro Garfias. Precisamente éste último, estado todavía en el barco ‘Sinaia’, que lo traía a Veracruz, escribía quizás el primer poema del éxodo español:
“Pueblo libre de México:
como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja,
de generosa sangre desbordada.
Pero eres tú esta vez quien nos
conquistas y para siempre
¡Oh Vieja y Nueva España!
Ya en México el siguiente paso fue adaptarse, tarea harto difícil cuando se ha perdido una cultura, una identidad, un país. El callado de dolor, el quebrantado espíritu y la exigua esperanza de volver al terruño condicionaron la vida de los más de veinte mil transterrados (término inventado por el filósofo José Gaos en 1949)
Así que fundaron instituciones (Editorial Séneca, Instituto Luís Vives, Orfeo Otalá, Colegio Madrid, etc), crearon revistas (‘España peregrina’ de José Bergamín, ‘Las Españas’ de Manuel Andujar, etc.) y se integraron al ritmo económico de su nuevo País según las necesidades de cada profesión (abogados, artistas, comerciantes, escritores, ingenieros, médicos, periodistas, profesores, etc.).
El exilio en Monterrey
Monterrey también les brindó su hospitalidad y un buen número de exiliados se afincó en nuestra ciudad destacando entre otros: Pedro Garfias, Alfredo Gracia Vicente, Carmen Cortés y Daniel Mit.
El poeta Pedro Garfias llegó en 1943 para trabajar en la Universidad de Nuevo León, al lado de don Raún Rangel Frías en el departamento de Acción Social Universitaria. Se iría en 1948, pero regresaría para morir aquí, en tierras regiomontanas, en 1967.
Don Alfredo Gracia Vicente, librero y después maestro, crítico, promotor y mecenas, llegó a nuestra ciudad en 1948 para atender la librería Cosmos; luego tendría otra llamada ‘Artes y libros’. Vivió entre nosotros, los regiomontanos, hasta su muerte acaecida en 1996.
Carmen Cortés, pintora, colaboró en 1974 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Nuevo León y, al año siguiente, se hizo cargo del Taller de Artes Pláticas donde tuvo como alumnos a Guillermo Ceniceros, Jorge Rangel Guerra, Marcos Cuellar, Gerardo Cantú y José Guadalupe Ramírez, significando el principio fundamental de la pintura moderna en Nuevo León. El Dr. Daniel Mir llegó en 1940 y se convirtió en un prestigioso columnista de fútbol en el periódico El Norte, fue directivo fundador del Club de Fútbol Monterrey en 1945, titular del famoso programa de radio (de la XEFB) ‘El Consejero del Aire’, fue pintor (todavía se exhibe en el Museo Metropolitano un retrato que le hizo a Pedro Garfias) y dio clases de literatura, filosofía, griego y latín en la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Instituto Laurens y el Colegio México.
Muchos más vinieron a Monterrey a participar en la Escuela de Verano de la Universidad de Nuevo León, fundada en 1945 por don Raúl Rangel Frías y Francisco M. Zertuche, quién perduró hasta 1956.
Pero hubo muchos otros que no tuvieron voz que les diera presencia hasta que alguien les prestó la suya, como es el caso de doña Pily Neila, cuya hija, María del Pilar Álvarez Neila, acaba de publicar en Monterrey, en este 2006, ‘El Refugio’, una historia de amor, guerra y milagros que su madre vivió en su exilio de España a Monterrey.
Sirva este artículo como homenaje y celebración por los hermanos españoles que vinieron hace setenta años a nuestra ciudad y marcaron historia en ella. ¡Gracias!
Este artículo fue publicado por el periódico de la Universidad Autónoma de Nuevo León, como homenaje a los españoles exiliados que hicieron historia en mi universidad y en Monterrey. El periódico se llama ‘Vida Universitaria’.