Las representaciones de Cleopatra en las monedad acuñadas durante su reinado reflejan su programa político y religioso. En los relieves y en las estatuas de los templos del Nilo, como Dendera o Kom Ombo, la reina aparece según los cánones egipcios tradicionales, con los atributos de las diosas Isis y Hathor.
En cambio, las monedas ofrecen la imagen de una auténtica soberana helenística, vestida con un quitón (la túnica griega) y cocada con la diadema, en emblema de la realeza griega, a la manera de sus grandes predecesoras Berenice I y Arsínoe II, mientras que sus rasgos físicos remiten a la figura de Ptolomeo I Soter, el fundador de la dinastía lágida.
También se le presenta junto a Cesarión niño, el hijo que tuvo con Julio César, como personificación de Afrodita; o al lado de Marco Antonio, quien aparece desprovisto de cualquier emblema de poder.
Las leyendas inscritas en las monedas expresan el ideario monárquico de la soberanía, calificandóla de basilisa (reina) y théa néôthéra (“diosa renovadora”). Tras la ceremonia del gimnasio, en la que Marco Antonio entregó las provincias de Oriente a Cleopatra y sus hijos, se acuñó la expresión regina regum filiorum regum “reina de reyes cuyos hijos son reyes”, para evidenciar el dominio de Cleopatra sobre el nuevo imperio en ciernes.
Marco Antonio en cambio, se conformó con el título equivalente griego de autókrator. Cleopatra, utilizó la mitología para legitimar a la monarquía a través de la monedas, que transmiten vivamente el proyecto de Estado de la Reina del Nilo, y la mujer más poderosa que jamás haya existido.










