Dic 21

Resuelto el misterio del “azul maya”

por Simbelmynë! en Mis letras | votar Compartir

Los mayas usaban, como punto de partida para sus colores, sustancias de origen mineral, vegetal e incluso animal (insectos), y los arqueólogos que han estudiado el tema siempre se habían sentido intrigados por la belleza y resistencia de su color azul. El arqueólogo Merwin lo mencionó en 1931 y pronto se demostró que el definido como azul maya era distinto a todos los conocidos y usados, por ejemplo, en las pinturas antiguas o medievales europeas. Aparte de su belleza, es extraordinariamente resistente a los ácidos diluidos, álcalis, disolventes, oxidantes, reductores, calor moderado e incluso biocorrosión. Por ejemplo, las pinturas del yacimiento de Bonampak durante siglos han mantenido su color en un ambiente de selva, lluvioso y caluroso.

Fresco de Bonampak

Fresco de Bonampak

Todos los misterios se creían haber solucionado gracias al equipo de investigadores mexicanos de la UNAM dirigidos por M. José Yacamán. La revista SCIENCE publicaban sus hallazgos, obtenidos mediante el uso de sofisticadas técnicas instrumentales: microscopio electrónico de alta resolución, espectroscopía de pérdida energética electrónica, microanálisis de rayos X, etcétera.

Los resultados han demostrado que el azul maya contiene arcillas, principalmente paligorskita mezclada con algo de sepiolita y de montmorillonita, que por sí mismas son polvos blancos. También contiene índigo, un colorante de origen vegetal, presente en plantas del género Indigofera e Isatis, que era conocido por las antiguas civilizaciones de Asia, Egipto, Europa y precolombinas.

Pero el índigo es poco resistente a los agentes químicos o físicos. La clave de la obtención del azul maya, descubierta por los investigadores, era el calentamiento de las arcillas con el índigo a 150 ºC durante 20 horas. Nosotros podemos saber, ahora, que con ello se produce una cristalización especial con lo que los cristales de paligorsquita forman una malla característica en la que quedan incrustadas dos tipos de partículas, de tamaño nanométrico.

Las situadas interiormente poseen residuos metálicos, principalmente de hierro, mientras que las superficiales contienen principalmente óxido de silicio. En esencia, que los mayas fueron también unos refinados conocedores de la Química.

Pero… siempre había un pero, faltaba el método en que se obtenía la mezcla. La respuesta la encontró el antropólogo Dean Arnold en un cuenco conservado en el Museo Fields. A simple vista se había ya advertido que la pieza contenía manchas de color azul junto a fragmentos de incienso de resina de árbol de copal, pero mediante miscroscopico electrónico mostró que existían además restos de paligorsquita e índigo.

De éste modo, para Arnold, el cuenco había servido para producir el azul maya mediante el calentamiento de incienso.

El color del sacrificio

Cuenco con incienso copal. [J.Weinstein]

Otro dato relevante es que el cuenco procede del cenote de Chichén Itzá, el pozo donde se arrojaba a las víctimas de sacrificios. La elaboración de azul maya, por tanto, estaba ligada con el culto al dios Chac, al que se le presentaban víctimas y ofrendas pintadas de azul para atraer la lluvia y el maíz.

(La imagen es la del cuenco analizado)

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