El Congreso de EE. UU. ha aprobado hace años una ley para financiar la restauración e investigación de diez de los campos de internamiento en los que fueron recluidos ciudadanos estadounidenses de origen japonés y alemán durante la II Guerra Mundial.
Con ello se pretende preservar la memoria de “lo que no debe permitirse que vuelva a suceder”, en palabras de la congresista demócrata por California Doris Matsui, nacida en 1944 en el campo de concentración de Potson, Arizona.
En 1942, el Presidente Roosevelt prohibió a los estadounidenses de origen japonés vivir en la costa oeste del País. El resultado fue el mayor traslado forzoso de la historia nipona: más de 120.000 personas fueron internadas en campos vigilados por soldados. Los diez que se restaurarían se encuentran en los Estados de: Arizona, Arkansas, California, Colorado, Idaho, Utah y Wyoming.
El último campo de concentración cerró sus puertas en 1946. Cuarenta y dos años después, el entonces presidente Ronald Reagan firmó una declaración oficial de disculpa.
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