¿Saben cómo se alcanzan los sueños? La fórmula no es mágica ni está lejos de nuestro alcance: se encuentra en las aulas, en los libros, en la tecnología, pero sobre todo, en el apoyo de la familia y el deseo de superación.
Todos, en mayor o menor medida, tenemos ese deseo escondido en alguna parte de nuestro ser, sin embargo, muchas veces el pesimismo, la pasividad y la desidia lo opacan, lo arrinconan y llegamos a olvidar qué es lo que verdaderamente soñamos alcanzar.
Hace casi 47 años –mi cumpleaños es el 7 de agosto–, un matrimonio de migrantes mexicanos me dio la bienvenida a este mundo. Papá siempre trabajó en los campos de Michoacán y de California y durante mi infancia no tuve más remedio que seguir junto con mis tres hermanos, con la labor aprendida de sembrar y cosechar.
En alguna ocasión, papá nos dijo, después de una larga jornada de trabajo: "Recuerden cómo se sienten en este momento y dense cuenta de que si no estudian, así se pasarán la vida".
Gran lección la que nos brindó a pesar de que tanto él como mamá sólo completaron el tercer grado de primaria. Aun así, recuerdo que demostraban mucho interés en nuestra educación.
Todas las tardes se sentaban con nosotros en el comedor para verificar que hiciéramos la tarea.
Tan pequeño como era en ese entonces, sólo podía comprender parte del fondo de aquella enseñanza, pero con eso me bastó para dirigir mi mirada a los libros y esmerarme por saber cada día un poco más, algo que me resultó difícil, porque fue hasta los 12 años que aprendí a hablar inglés debido a que una temporada del año la pasábamos en California y otra en La Piedad, Michoacán, de donde son mis padres.
Las lecciones las podemos encontrar en cualquier persona, en cualquier vivencia. Yo la hallé en mis padres, personas humildes, "del campo", que no tenían mayor aspiración que brindarnos a mis hermanos y a mí un futuro distinto y prometedor. Yo era el más pequeño de los cuatro.
Cuando comencé mis estudios de preparatoria, mis hermanos ya habían hallado un camino y yo estaba encauzando el mío hasta que llegó la inspiración: Franklin Chang Díaz, el primer latino –costarricense– en ser seleccionado como astronauta de NASA. Sus orígenes, al igual que los míos, son humildes y teñidos por el fenómeno migratorio. Entonces llegó la pregunta: si él pudo, ¿por qué yo no? Y me empeciné en alcanzar mi sueño.
Todos tenemos nuestras propias estrellas, nuestros propios anhelos. Ser rico, ser pobre, ser de una religión u otra, o pertenecer a una raza u otra, no es impedimento para poder alcanzar lo que deseamos. Los "sueños americanos" son eso, sueños, pero debemos pensar en el momento del aterrizaje, porque no hay nada más sólido que lo que se construye paso a paso, con perseverancia y paciencia. Es así como hallamos en nosotros mismos la habilidad de conjuntar fantasía y realidad para entonces encontrar la verdadera realización personal.
A finales de este mes, yo iré por primera vez al espacio en la misión espacial STS-128 a bordo del transbordador espacial Discovery.
Llevaré conmigo mucho de mis raíces: un rosario, música de mariachi, la bandera de México y recuerdos familiares, pero sobre todo, la gran satisfacción de haber dado un paso más en la gran escalera que es la vida.
Hoy, soy astronauta orgullosamente de origen mexicano.
Agradezco, pues, a los lectores que me permitieron –y espero que sigan permitiéndome– brindarles un poco de todo lo que la experiencia y la vida me han regalado.
José G. Hernández, astronauta e hijo de inmigrantes mexicanos en EU, está a 20 días de "zarpar" en el Discovery rumbo al espacio.
www.twitter.com/astro_jose
Tomado de El Norte










Gran verdad la de este hombre, el esfuerzo continuo es la clave para conseguir aquello que tanto anelhamos.
Que suerte salir allá fuera
Saludos^^
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