A 145 kilómetros arriba del Círculo Polar Ártico, la municipalidad sueca de Kiruna está en dificultades. El centro del pueblo, de 18 000 habitantes, se ubica sobre una de las minas de mineral ferroso más grandes del mundo. Tras 110 años de extracción minera y más de 1 100 millones de toneladas de mineral extraídas, cuarteaduras enormes deforman los cimientos, y Kiruna tiene que elegir entre cerrar la mina o apartarse de los sitios de riesgo.
¿Qué hacer? Pues mudarse, por supuesto. Muchos residentes, que dependen de la mina para trabajar, han decidido reubicar gradualmente las viviendas centrales, las tiendas e incluso una iglesia de madera de 98 años de antigüedad sobre terrenos más estables a varios kilómetros de distancia. Algunas construcciones serán transportadas ladrillo por ladrillo; muchas, reedificadas. Entre las primeras en marcharse: la casa del fundador de Kiruna de 1899. Vías férreas, tendidos de electricidad y carreteras ya empezaron a emigrar. La mina de hierro, clave para la supervivencia de Nueva Kiruna, seguirá activa, pero a una distancia más segura.
Copiado de la revista National Geographic




