Un recorrido por las termas de Caracalla

maginate caminando en las calles de la antigua Roma, más o menos en el siglo II a. de C, junto a centenares de romanos rumbo a las espléndidas termas que el emperador Caracalla ha construido para el disfrute de todos los romanos. Como otros más, acudes para ejercitarte, si eres mayor pues acudes a los baños de agua fría y caliente que están en el extremo opuesto. Al terminar, podías quedarte a charlas o ir a las bibliotecas que se instalaron en la misma terma. ¿Eres mujer? No te preocupes, en las termas los hombres y mujeres son atendidos de igual manera, no hay diferencia alguna.

termecaracallavedutaaerea

Las termas, como buen romano, sabes que son para cultivar el espíritu y el cuerpo, como una celebración del aforismo de Juvenal: “oran-dum est ut mns sana in corpore sano” o lo que es lo mismo, “hay que pedir que haya una mente sana en un cuerpo sano”. Si lees ésto ahora, en las ruinas de lo que eran las termas de Caracalla, podrás ver que es un lugar lleno de arte, ideal para cultivar mente y espíritu.

Una tradición romana

Las termas existen desde hace mucho tiempo en Roma (desde el siglo II a.C.), siendo modestos al principio y manejados por los balneator, empresarios privados, y que cobraban una cuota modesta para entrar, tenían pocas habitaciones, y la ventilación e iluminación eran malas, se usaban braseros, y las bañeras se llenaban con agua calentada en fogatas afuera de los baños.

Luego se inventó el praefurnium, que era una cámara subterránea donde colocaban un horno circular, que alimentaban sin molestar a los bañistas encima, y los baños comenzaron ya ser atractivos, y se multiplican por toda Roma.

Los primeros baños públicos, gratuitos, eran edificios enormes, con todos los refinamientos de los mejores fueron construidos por órdenes de Marco Agripa, en el Campo de Marte, en la época de Augusto, el primer Emperador de Roma. A diferencia de Nerón, Tito y Trajano, que prefirieron construir termas para las clases altas, siendo las mejores las que mandó construir Diocleciano, en el siglo III.

Y luego llegó el turno de las termas que visitas, las de Caracalla, erigida entre los años 211-216, y gozan de un excelente ambiente popular, y que curiosamente, no fue construida por Caracalla, sino por su padre, Septimio Severo que basó su poder en el ejército y en las clases más desfavorecidas, sobre todo la plebe romana.

Grandes obras hizo Severo, como el arco del Senado, un gran foro para el pueblo, amplio el palacio imperial en la colina del Palatino, mandó construir el Septizodium, una obra épica que acogía al viajero que llegaba a Roma por la vía Apia, y finalmente, para contentar a la plebe, ideó unas termas abiertas al pueblo, de dimensiones no vistas hasta entonces y con todas las comodidades de las que gozaban las de clases altas… pero las obras terminaron bajo el mandato de su hijo, Caracalla, que tiene como verdadero nombre, con el de las termas, de Marco Aurelio Antonino Basiano, o más corto: las termas de Caracalla o termas antonianas.

Las construyó en el sudoeste de Roma, cerca de la mítica Vía Apia, que comunicaba la Urbs con el sur de Italia. Las medidas fueron de 220 poor 114 metros, y fueron basadas en las termas de Nerón, Tito y Trajano.

Del vestuario al gimnasio

Acudes a las termas al mediodía, porque es cuando se abren, y debes ir temprano, porque al atardecer, puntualmente, se cerraban, ya que los esclavos requerían de tiempo para hacer las labores de limpieza y acondicionamiento, si eres de la clase alta, llevas a tus sirvientes, sino, acudes solo.

Al llegar ves ocho grandes puertas, ses de ellas te llevan directamente a la palestra, los dos, a vestíbulos, en uno de ellos la gran piscina, la natatio, a cielo abierto. Desde el vestíbulo se pasa al vestuario, donde te desnudas dejando tu ropa al capsarii, a cambio de una propina, luego te pones una corta túnica y unas sandalias.

De ahí pasas al gimnasio o palaestra, que es un espacio abierto con pórticos en tres de sus lados, sostenido por columnas de giallo antico, un mármol amarillo procedente de lo que hoy es Tunicia, y el suelo está cubierto de mosaicos policromos.

Tienes algunas opciones para empezar a ejercitarte: está la carrera, el levantamiento de halteras, lucha o bien solicitar ayuda a los exercitatores, que son los actuales entrenadores personales, ¡Ah lo olvidaba! También puedes jugar harpastum, precedente del rugby, o trigon, que consiste en lanzarse una pelota rellena de arena, desde los vértices de un triángulo pintado en la tierra, afuera de las termas.

En uno de los lados mayores del pórtico se abre un gran espacio semicircular abierto con una bóveda semiesférica, del otro lado tres habitaciones rectangulares. En uno de los lados menores hay otra dividida en tres. Pero lo bueno está en la parte superiore de la palestra, donde se encuentra la apricatio, que no es más que una terraza para tomar el sol.

Abriendo una puerta se acceden a las cuatra salas principales comunicadas entre sí, son las que te comunican al final, a las termas: una era la unctorium, que es la sala de masajes, otra, la tepidarium, sala de ambiente templado, y luego la laconica o sudatoria, que eran baños de vapor.

Para mantener el ambiente, había grandes ventanales, para que entraran los rayos del sol, además de que se orientó al sur para que el sol entrara de mejor manera.

Para limpiarte del aceite y sudor, usas la strigillum, una especie de cuchara, y luego un baño con jabón de sosa, llamada aphonitrum. Aquí terminas la etapa de baño cálido. Luego entras en el caldarium, una sala de 34 metros de diametro con una enorme cúpula de ocho pilastras, luego, sales al tepidarium central. Terminas en el frigidarium o aula basilical, el espacio más grande de las termas, 58 por 24 metros, cubierto por una triple bóveda, con ocho columnas, y junto a ella, cuatro piscinas, con una fuente central.

Aquí es un bullicio de gente: ves a gente en las piscinas a cielo abierto, criados con toallas de lana (sabana) secando a sus señores, otros en la sala de masajistas (tracatores). Tu te acercas a la ventana y ves gente caminando, sucia de carbón en el cuerpo y la cara, ya que como bien sabes, hay un nivel subterráneo con tuberías de plomo para el agua y el transporte del carbón, y demás cosas para que las termas funcionen.

Las bibliotecas y el jardín

Aún no termina tu visita, porque hace poco, el emperador Heliogábalo y Alejandro Severo ampliaron aún más las termas, y tienes mucho por visitar: el gran muro con el que  rodearon las termas (337 por 328 metros), la nueva con tres enormes puertas, y habitaciones con tiendas varias (como un centro comercial actual), gimnasios, salas de estudio, y una cisterna con una capacidad de 80.000 metros cúbicos, para el que se construyó el acueducto Aqua Alexandrina, y dos bibliotecas, paseos, fuentes, y estatuas, además de pinturas,  paredes de mármol, pisos de mosaico figurado, estatuas de Hércules, Flora y el grupo del Castigo de Dirce, hoy en el Museo de Nápoles.

Estás sorprendido, porque estás en las Thermae magnificentesimae, es decir, en una de las maravillas de Roma.

Olvidé mencionar: si el lector es una dama, puedes hacer todo el recorrido que he mencionado, pero con una diferencia, pues puedes acudir a una sala que está junto a la palestra donde están los alipilii, es decir, los depiladores (aunque también lo usaban los hombres), además te untan cremas para suavizar la piel, peluqueros para hacer los mejores peinados de Roma e incluso te podrán teñir el pelo.

Tu visita aún no termina, al acabar tu baño y tu tarde de relajación, tienes muchas más opciones de ocio: hay restaurantes para comer y beber, tiendas para comprar productos traídos de todo el Imperio, hay dos auditorios de música por si te apetece un concierto o si prefieres, hay salas de lectura pública o dos bibliotecas, puedes pasear en la gran arboleda en la reciente ampliación de las termas o sentarte en los jardines adosados.

Ahora sí, toca volver a tu casa, luego de todo un día en que has consentido al cuerpo y al espíritu, estando Juvenal muy orgulloso de ti.

Fuentes:
La vida cotidiana en el apogeo del Imperio
J. Carcopino. Termas de hoy. Madrid, 1993
Urbs, la vida en la Roma antigua
U.E. Paoli, Iberia, Barcelona, 1973

About The Author

Un curioso por naturaleza, apasionado de la cultura: historia, ciencia, tecnología y las tecnologías de la información. Regiomontano viviendo en España, compilando todo ésto en Regiosfera.

One Response

Leave a Reply

Your email address will not be published.